El trabajo de Elia muestra su enorme necesidad de probarse en muchas formas y lugares. Ese jugar con fuego comenzó en la Universidad de Costa Rica, cuando ingresó a la educación formal en teatro, pero ahí no se quemó. Entonces huyó a Estados Unidos en donde se alistó en las filas de la inmigración ilegal y, por vías sinuosas, llegó al cine, a la performance, a la poesía, a la instalación, al video, a la fotografía, al teatro experimental y, en algún momento, a la legalidad. Sus trabajos han surgido de manera individual (I Have So Many Stitches That Sometimes I Dream That I’m Sick; Stretching My Skin Until It Rips Whole), colectiva (The Party, o la obra que dirigió con el grupo The sacred naked girls, o la obra Jupiter 35, co-dirigida con LAPD), con comunidades diversas (With Our Breasts On The Table) y con otros artistas (Unchanging Evidence of Identity).

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El cambio constante de geografías la ha llevado a mudanzas radicales de diversos tipos. Si en Wyoming, al inicio de su exilio voluntario, se estrenó como inmigrante, y su próximo puerto, New York, la llevó a pensar fuera del teatro e incursionar en el cine, fue en Los Ángeles en donde cambió de género, como puede sucederle a quien camine: pasó del teatro a la performance. Más tarde, durante los años vividos en el desierto Joshua Tree, pasó a la performance con el entorno como escenario (Primera mujer en la luna), y al llegar a Houston se despidió de “el género” y saltó hacia la promiscuidad, etiquetada a veces como live performance (Death Count), video/painting installation (Tricorn Black and The Golden Era), photo-performance (The Gulliver Series), video-performance (The Mourning of the Pin-Up Girl), participation art (Sexy Attack con Performance Art Lab), sculpture performance (The Long Count), live installation (Light Green/Dark Green), performative installation (The Violence of Certainty), o mostrada con cruces sin nombre.

De ahí que sea fácil saber quienes han influido en ella, basta con echar un ojo rápido a su obra para que el recuento incluya muñecos (Bread and Puppet Theater), travesties y homeless (grupo Los Ángeles Poverty Department), mucamas de hotel (Make Up Room, Please Do Not Disturb), soldados de almas mutiladas en Irak (The Fifth Commandment), personas infectadas con SIDA (No le digas a nadie), señoras negras que confeccionan sombreros en la costa atlántica (The Gulf Coast Art Corridor y Project Row Houses), poetas y gentes de barrio (The Fruitvale Project), por hablar solo de algunos. Otras influencias han venido de personas como ella, de diversas procedencias, que han encontrado en la performance una posibilidad de hacer de sus cuerpos, ardidos por las dinámicas de la migración y del racismo, el sexismo, la homofobia y otras estrategias similares, campos políticos para la acción permanente. Elia vive ahora en Costa Rica, a donde volvió solo a regenerar células, porque de la performance no hay punto de retorno, una vez que se toca, la muerte no resulta más que una nueva geografía.

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Performance: Madre, 1992.

 

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Performance: Madre, 1992.